A las 8:30 en punto, Derek y Simone aparecen en la puerta.
Los recibí dentro y abracé con fuerza a mi pequeña amiga de la infancia, de cabello oscuro.
—¡Lila! ¡Estoy tan feliz de verte!
—Yo también. Dios sabe que realmente necesito hablar con una amiga —admití.
—La Diosa Luna —me corrige Derek, y me molesta su actitud. Recuerdo cómo trató a Ian cuando descubrió que era humano y el hecho de que mostró una falta de respeto, sabiendo que había dejado mi manada para vivir entre humanos.
—Debes de s