Esa misma mañana , nada entre Tara y Mateo volvería a ser casual.
La luz del amanecer entraba lentamente por las cortinas del apartamento.
La ciudad despertaba despacio, envuelta en ese gris suave de las primeras horas, mientras dentro todo permanecía en calma.
Tara abrió los ojos sin moverse.
Por un segundo no recordó dónde estaba… hasta que sintió el peso cálido de un brazo rodeando su cintura.
Mateo. Estaba en la habitación de Mateo y el respiraba profundamente detrás de ella, todavía dormid