En The Oak Room todo avanzaba con normalidad.
Demasiada normalidad.
El tipo de calma que suele existir justo antes de que algo cambie.
Tara revisaba facturas detrás de la barra mientras Mateo discutía con cocina ajustes para el próximo evento del jueves. Lucía coordinaba reservas y Elías intentaba convencer a alguien de que necesitaban más vino italiano y no menos.
Todo funcionaba.
Todo estaba sólido.
Hasta que Lucía se acercó.
—Tara… hay un señor preguntando por ti.
Tara levantó la vista.