El llanto requería energía, y ella estaba ocupada sosteniéndose por dentro, tratando de no desarmarse en piezas demasiado pequeñas.
Más tarde vino la doctora. Habló con una voz suave, entrenada para estas cosas. Dijo palabras como completo, no fue tu culpa, necesitas reposo. Tara asintió en el momento correcto, respondió cuando se esperaba que lo hiciera. Aprendió rápido el ritmo de la normalidad.
Lo siento —dijo—. Lo siento tanto.
Tara lo escuchó como si viniera desde otra habitación.