Esa noche, la habitación de huéspedes en casa del abuelo estaba envuelta en silencio.
El campo tenía una oscuridad distinta a la ciudad. Más profunda y honesta. Tara estaba despierta.
Podía escuchar a Mateo respirar a su lado completamente dormido, con una mano descansando sobre su cintura como si incluso inconsciente necesitara asegurarse de que seguía ahí.
Miró el techo de madera.
Las palabras del abuelo Ernesto seguían repitiéndose en su mente.
Giró apenas para observarlo.
Mateo dormía sin d