**Punto de vista de Stefano**
El coche se detuvo frente a la casa de los Castellano y salí al sol de la tarde, vestido con un traje negro.
Los guardias que estaban delante de la casa se movieron inquietos, intercambiando miradas y apretando con fuerza sus armas. Vi cómo uno de ellos tragaba saliva y una lenta sonrisa se dibujó en mis labios.
Eso era lo que mi nombre provocaba en la gente de Milán.
Armando salió a recibirme, con esa familiar sonrisa engreída que ansiaba borrarle de la cara.
Pron