**Punto de vista de Stefano**
Golpeé el marco de la puerta al entrar y apenas noté el dolor. Martina estaba en la sala de estar, hecha un manojo de nervios, retorciéndose el delantal con los dedos. Tan pronto como me vio, corrió hacia mí. "Ella no abre la puerta, Stefano", susurró, con los ojos muy abiertos por la preocupación. "Dijo que no tiene hambre. No me dejó entrar".
Sentí mi pecho oprimido. “¿Qué puerta?”, pregunté, sabiendo ya la respuesta.
"Elena."
“Yo me encargaré.” No esperé s