**Punto de vista de Stefano**
Cerré el expediente de golpe y lo empujé al borde más alejado del escritorio.
Habían pasado días desde que me paré en esa acera en Porta Nuova, y aún así mi pecho todavía se sentía magullado, como si me hubieran roto una costilla y la hubieran dejado pudrirse contra mis pulmones. No había sido yo mismo desde ese encuentro, desde que estuve en esa acera y me di cuenta de que la esperanza era una debilidad que nunca había aprendido a controlar.
No sabía por qué me