**Punto de vista de Stefano**
El mundo no se detuvo simplemente; se fracturó.
Me quedé allí, con las botas firmemente plantadas sobre las frías baldosas, mientras el aire de la habitación se convertía en hielo. Miré a Joel, que todavía temblaba en el suelo como un animal herido. Por un segundo, no vi a ningún hombre. Vi un fracaso. Vi una grieta en mi armadura que no pude deshacer.
"¿Qué diablos acabas de decir?", pregunté.
Mi voz no era un grito. Fue un susurro bajo y peligroso. Hablé