Punto de Vista de Marimar Oquendo
Una sonrisa suave curvó mis labios mientras me movía por la cocina. Ya tenía todo claro en mi mente: sabía exactamente lo que iba a hacer. Saqué cada ingrediente, puse el arroz a cocer y me aseguré de que todo estuviera listo para más tarde.
Por Dios, ¿dónde se habían metido todos los empleados? Se suponía que estaban de permiso, pero aun así...
Aunque, pensándolo bien, no era tan malo. Al menos así podría demostrar que todavía servía para algo. A partir de hoy