Punto de vista de MarimarSus manos me encontraron antes de que pudiera llenar mis pulmones de aire. Un calor abrasador se extendió desde sus amplias palmas, que cubrieron por completo la curva de mis senos. —E-espera, Levi… —jadeé, con la voz atrapada en la garganta, mientras la tela se deslizaba y rasgaba. El aire frío besó mi piel desnuda al instante; mis pezones se endurecieron, sensibles y tensos bajo aquella caricia helada.Sus ojos azules se abrieron con un brillo de pura maravilla infantil y aplaudió una vez, seco y nítido como el chasquido de una rama.—¡Yay! ¡Cocomelon! —exclamó, y volvió a alcanzarme. Su toque era ligero al principio, apretando y levantando con una curiosidad que me hizo temblar. La carne suave se mecía bajo sus dedos, y un calor líquido floreció en lo más profundo de mi vientre.Me mordí el labio, observándolo cernirse sobre mí. Estaba recostada contra el cabecero, con los cojines clavándose en mi espalda, mientras su cuerpo —delgado y firme como piedra t
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