15.
AURORA
Llegué a casa con pasos lentos; el suave clic de la puerta resonó a mi espalda, anunciando mi llegada a un hogar que ya no sentía mío.
Ninguno de mis padres se molestó en levantar la mirada, en preguntar por las garras que aún cubría con mi mano temblorosa, llena de sangre.
Ellos podían olerla, saber que estaba herida, pero no hicieron nada.
Subí las escaleras con pesadez, las lágrimas cayendo suaves sobre cada escalón por el dolor que ya no soportaba.
Entré a mi habitación, pasando al b