Después del cambio de nombre, Lucía dejó de esperar.
Hizo llegar a los parientes imperiales la noticia de que Gabriel, ahora Mateo, despertaba por las noches llorando y buscando a su padre. También insinuó que Enrique descargaba sobre su hijo la frustración de haberme perdido.
A la mañana siguiente, varios parientes presentaron una petición conjunta: restaurar el nombre del primogénito y nombrar emperatriz a la consorte para asegurar la estabilidad de la sucesión.
Enrique no perdió la calma ante