Al año siguiente, volvió a llegar a Ribera un decreto de la capital.
Enrique había llegado en secreto a las afueras de la capital a bordo de un barco de transporte de grano. Coordinó sus movimientos con los de los guardias imperiales que seguían siendo leales dentro del palacio y rescató a Mateo aquella misma noche.
Los parientes que participaron en el intento de usurpar el poder fueron juzgados uno por uno. La emperatriz viuda, por haber consentido que sus familiares usaran al primogénito para