Al comenzar el verano, se planteó ante la Oficina del Registro Imperial el cambio de nombre del primogénito. El asunto provocó una fuerte agitación en la corte.
Los parientes de la dinastía sostenían que cambiar un nombre ya inscrito dañaría la dignidad de la descendencia imperial. Lucía fue aún más lejos: se arrodilló con el niño en brazos frente al estudio de Enrique y dijo que no podían quitarle un nombre que llevaba usando siete años solo porque a mí me molestara.
Pero yo nunca había escrito