Capítulo 20: Dante

Cuando desperté, justo cuando el sol comenzaba a asomar por el horizonte, me dolía todo el cuerpo. No era la primera vez que me despertaba en la cama de otro hombre, y mucho menos en la de Nero.

Me estiré y, en silencio, me di cuenta de que el Don debía de haberse marchado mientras yo dormía profundamente, porque el otro lado de la cama estaba frío.

Una pizca de fría alegría se dibujó en mis labios.

¿Así que podía follarme, pero no dormir
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