Mundo ficciónIniciar sesiónEn un instante, los ojos de Marcus parpadearon lentamente hacia mí, abiertos de par en par con asombro.
—¿D-de verdad? —preguntó con la voz entrecortada. —Claro, pequeño. Lo que quieras. Podemos ir cuando sea —respondí, secándole las lágrimas. De alguna manera, ver a los niños llorar siempre me hacía sentir mal. Él se iluminó. —¡Bien! ¡Vamos al parque! ¡Va a ser taaan genial! Mi mente proc