Bertín, desconcertado, asintió: —Sí, ¿qué pasa?
Lara dudó unos segundos y dijo despacio: —Señor Vidal, ¿podrías llevarme? Me gustaría conocer a más gente para facilitar los negocios en el futuro.
Bertín se fijaba en ella, con escrutinio en los ojos.
Su mirada seria puso a Lara un poco nerviosa, y sus manos se cerraron en puños.
Al cabo de un minuto, Bertín sonrió y dijo: —Sí, pero antes de ir, tengo que hacerte una pregunta.
—¿Qué pregunta? —La cara de Lara era todo sonrisas, si podía ir a la fi