—No es eso —Natalie lo negó.
—¿Entonces por qué tienes la cara tan roja?
La voz de Leonardo estaba teñida de risa, y Natalie sintió la vergüenza de que se supiera lo que pensaba.
—¡Porque acabo de salir de la ducha!
Leonardo enarcó una ceja, —Vale, pero quiero secarte el pelo, ¿me das esa oportunidad?
Natalie frunció los labios y fingió que no le importaba, —Ya que tienes tantas ganas de secarme el pelo, te doy esa oportunidad.
Ante la mirada arrogante de Natalie, Leonardo sonrió.
—¡Bueno, graci