Se acercó lentamente a la cama y vio el delicado y pequeño rostro de Natalie, con los labios un poco rojos e hinchados por sus besos.
Leonardo apartó la mirada con dificultad y se volvió hacia el cuarto de baño.
Después de ducharse, levantó la sábana del otro lado de la cama y extendió sus largos brazos para coger a Natalie entre los suyos.
Aquella noche durmió bien.
A la mañana siguiente, temprano, Natalie se despertó con dolor de cabeza.
Se frotó las sienes y vio que estaba atada y no podía mo