— Gracias... Gracias...
Lara empujó la puerta y salió del coche, y cuando acababa de cerrarla, el Maybach negro se puso en marcha y desapareció rápidamente de su vista.
A las once de la noche regresaron a Bahía de Oro.
Natalie estaba tan profundamente dormida que Leonardo ni siquiera se despertó cuando la bajó en brazos.
Al colocarla sobre la cama, sus brazos se engancharon de pronto a su cuello y sus piernas se aferraron a su cintura, aferrándose a él como un pulpo.
A Leonardo se le movió la ga