Una vez que el despacho recobró la tranquilidad, Leonardo dejó el documento en su mano y cerró lentamente sus ojos enrojecidos mientras una lágrima cruzaba el rabillo del ojo.
Apoyó el brazo en la frente, fue como si hubiera envejecido diez años.
Había pasado casi medio mes desde que Tadeo prendió fuego a Natalie, pero aún no podía aceptarlo.
Recostado en su silla con los ojos cerrados por un largo rato, Leonardo se levantó, tomó su abrigo y salió del Grupo Ramos lo más rápido.
Por otro lado, en