Sintiendo su distanciamiento, la sonrisa en el rostro de Matilda se congeló.
—¡Debería verte, déjame pelarte una manzana!
Antonia frunció los labios con desagrado.
No quería ver a Matilda, porque la presencia de Matilda siempre le recordaría los asquerosos recuerdos de haber estado encerrada en el sótano del chalet de Tadeo, y Matilda seguía embarazada del hijo de Tadeo, y estaba haciendo todo lo posible para contenerse no regañó a Matilda.
—Mati, para, tengo una cuidadora, quédate conmigo charl