Obviamente fue asesinado, los ojos de Leonardo se enfriaron.
-Tal vez hizo Tadeo, sigue averiguando dónde se esconde Tadeo en Monteflor, ¡tienes que encontrarlo!
-¡Sí! señor Ramos, ¿le traemos un médico para que le venda las heridas?
-No, te dejo.
Justo cuando colgó el teléfono, Natalie salió de la cocina con dos tazas de café y, tras entregarle una a Leonardo, lo miró con ojos abatidos y dijo: -¿Lo han encontrado?
-Sí, pero está muerto.
Natalie no se sorprendió por este resultado, tomó un sorbo