Envíasela a la señora Chávez.
—Bien.
Al ver que los ojos de Leonardo estaban cubiertos de sangre roja, Carlos se apresuró a decir, —Señor Ramos, regrese a descansar, ya es más de media noche.
Leonardo asintió, —Bueno, llámame cuando quieras.
De vuelta en Bahía de los Olmos, eran más de la una de la madrugada.
Las luces del chalet seguían encendidas, Leonardo abrió la puerta y vio a Natalie tumbada dormida en el sofá, aflojó el paso.
Caminando hacia Natalie, cuando estaba a punto de llevarla al d