— No lo sé
Natalie tenía la cara roja, empezó a sudar en la frente y estaba ardiendo.
Leonardo le cogió la barbilla y le dijo: —¡Mira bien quién soy!
El dolor en la mandíbula hizo que Natalie se despertara por un momento, y se esforzó por abrir los ojos.
— Le...Leo...
Leonardo bajó la cabeza para basar sus labios rojos, sus grandes manos le agarraron la cintura, saboreando su belleza.
Natalie sintió por un momento como si la asaran al fuego, y luego como si cayera en un lago helado.
La noche era