—¿De verdad me soltarás si te doy un beso?
—Por supuesto, haré lo que digo.
Natalie miró a su alrededor, se dio cuenta de que nadie se fijaba en ellos y se levantó de un salto para darle un beso en la cara a Leonardo.
—Ahora puedes soltarme, ¿no?
Al ver sus orejas ya enrojecidas, Leonardo reprimió la idea de burlarse de ella y la soltó.
En cuanto estuvo suelta de Leonardo, Natalie huyó tan rápido como un conejo, corriendo como si tuviera miedo de que él la alcanzara.
Leonardo se rió, sin darse c