Nieve vio a Casio, con los ojos llenos de lágrimas, pero giró la cabeza: —Déjame en paz. Puedo hacerlo yo sola.
Casio suspiró impotente: —Hasta ahora insistes. Vuelves conmigo, todos estamos preocupados por ti.
—No se preocupan por mí, solo les importa la misión. —Murmuró Nieve en voz baja.
—Te equivocaste, somos un grupo, y aunque estamos un poco enfadados con tu comportamiento de hoy, no queremos que te pase nada. —Dijo Casio mientras aumentaba un poco la intensidad de la luz de su linterna, i