Protegía a Lucía con su cuerpo del humo y los escombros voladores, asegurándose de que no sufriera más daños.
En este momento, también llegaron los rescatadores, que rápidamente controlaron el incendio y empezaron a atender a los heridos.
Lucía subió a la ambulancia con la ayuda de Emiliano, giró la cabeza y miró a Emiliano, con gratitud y lágrimas en los ojos.
—Gracias, Emiliano.—Lucía se atragantó.
—Deja de hablar, ahora estás herida, vamos al hospital, no tengas miedo, yo me quedaré contigo.