Vio que Natalie seguía despierta, Agustí se mofó.
—Señorita Silva, ¿no comiste lo que te envié?
Natalie lo miraba con una expresión gélida en el rostro.
—¿Qué quieres?
Al ver la cautela en sus ojos, Agustí se rio burlonamente.
—¿Qué quiero? Ya lo adivinaste, ¿no?
Natalie apretó el puñal debajo de ella, —¿Atrajiste a esos osos pardos?
Quizás como Natalie ya estaba muerta para él, Agustí asintió.
—Sí, fui yo, esparcí miel en el camino frente a tu tienda, y los osos pasaron olfateando, pero qué pen