Leonardo parecía helado, —¡Fuera de mi camino!
El guardaespaldas se asustó por el terror que emanaba de su entorno, pero insistió, —Señor Ramos, no nos pongas las cosas difíciles. Tenemos que obedecer las órdenes del señor Santos, y él también dijo... Si insiste en salir de Imperialia, lo que le ha prometido no valdrá.
Leonardo se mofó, —¿Me están amenazando?
—No nos atrevemos...
No se atrevió a mirar a Leonardo a los ojos y bajó la cabeza.
—¡Apártate y no quiero repetirlo!
—Señor Ramos...
La mi