Pensando en ello, Silvia no pudo evitar fruncir el ceño, sus manos sobre la mesa se tensaron.
¿Cómo podía excusarle?
Hizo mal, y... Natalie y él se habían prometido... Aunque aún quería a él, no podían estar juntos...
La noche siguiente, Natalie llegó a la familia Hernández como había prometido.
Natalie se sorprendió un poco al ver que solo estaba Silvia.
—¿Dónde está mi maestro?
—Acababa de dejar las maletas en casa y recibió una llamada del señor Ávila y fue a buscarlo, dijo que no lo esperára