Ángel se sorprendió al ver que era Leonardo.
—Señor Ramos, me llamas a estas horas. ¿Quieres algo?
—Señor Silva, ¿necesitas que ayude al Grupo Silva? —La voz grave y fría de Leonardo era tranquilizadora.
Ángel sonrió, —No hace falta. Señor Ramos, has ayudado mucho a la familia Silva, no quiero deberte más, y seguro que el Grupo Silva podrá superar esta crisis.
Tras unos segundos de silencio, Leonardo dijo en voz baja: —Ella y el Grupo Silva son dos cosas, señor Silva, no tienes por qué confundir