—Ya veo, quieres preguntar cómo nos conocimos Natalie y yo, ¿verdad?
—Sí.
Mafresa enarcó una ceja, con ojos burlones, —No te lo digo, es un secreto entre ella y yo.
—¡Mafresa!
Al ver su rostro frío, Mafresa hizo una mueca, —¡No te digo, averígualo tú mismo si puedes!
Leonardo: —...
Parpadeante impotente y mimada en sus ojos, Leonardo alargó la mano y le dio un golpecito en la frente.
—Oye, te has vuelto más salvaje en los años en el extranjero.
—Lo aprendí de ti.
—No has ido al hospital a ver a