Viendo a la asustada Michela, Natalie se apresuró a decir: —Lo sé, me mantendré a salvo pase lo que pase.
—Tienes que salir con un guardaespaldas a partir de ahora, si no, me preocuparé mucho, ¡estos días cuántas veces has tenido accidentes!
—Vale, mamá, descansa. Mira esas ojeras, últimamente no has descansado bien, ¿verdad?
Michela suspiró: —¿Cómo pude dormir después de saber que te había pasado algo? No he dormido desde anoche.
—Bueno, ya has comprobado que estoy bien, vete a la cama.
—Vale.