Después de mucho tiempo, Olivia abrió la puerta.
Tenía los ojos rojos e hinchados, y miró a Ignacio con agresividad: —Papá, no sé quién ha publicado en internet...
—¡Cállate!
Antes de que pudiera terminar la frase, Ignacio le interrumpió fríamente.
—¡Cómo te atreves! ¡Sabes que por tu culpa se burlaron de mí los accionistas de la empresa! Estos días quédate en casa, ¡sal cuando baje el calor de este asunto!
Olivia se escandalizó y apretó los dientes, —Pero eso demuestra que estoy asustada, ¿no?