La voz de Leonardo contenía ira.
—Estoy volviendo a El Palomar, ¿qué pasa?
—¡Ya verás cuando llegues a casa!
Al oír el tono que salía del teléfono, Natalie frunció el ceño involuntariamente.
Media hora después, cuando Natalie acababa de entrar en el chalet, la voz de Leonardo, como un hielo frío de mil años, resonó en el salón.
—¡Natalie, estás siendo muy atrevida! La última vez cenaste sola con otro hombre, ¡hoy te has ido de cita! ¿Me tomas como un muerto?
Natalie se cambió los zapatos tranqui