—No, mi hija, no. —el grito desgarrador de Amanda, provoca mayor incomodidad en la habitación entre el médico y las enfermeras que trataban de salvarle la vida a Sara
—Llevénsela de aquí —ordenó, mientras insistía aumentando el voltaje en el desfibrilador y presionando con mayor insistencia el pecho de la joven. Segundos de angustia y estrés se viven en aquel lugar.
Finalmente, el monitor comienza a marcar las pulsaciones cardíacas de la chica, estaba viva, habían logrado recuperarla.
—Lo