—Lo siento, Jaspe. No lo haré. —Davis se incorporó, la tomó del brazo— Es hora de regresar a tu casa. —la llevó a rastras hasta afuera de la habitación.
—¿Es una broma, verdad?
—No, es una estupidez lo que pensaba hacer. No mereces que te utilice, ni Ben, que yo le haga esto.
—¿Utilizarme? ¿De qué hablas Davis?
Davis la obligó a subir al auto. Encendió el motor, echó de retroceso y salió de aquel lugar.
—¿No vas a responderme? Esto es una burla, me estás humillando.
—No es una burla, Jasp