Inicia la semana, Sara sale del apartamento, baja las escaleras y se encuentra con Amanda, quien viene entrando al edificio con el manojo de sobres que acaba de tomar del buzón; aún así parece de muy buen ánimo.
—Dios te cuide, hija.
—Gracias mamá. Nos vemos al regresar. —la besa en la mejilla.
—A partir de hoy, comienzo a cuidar a una paciente. Trabajaré en el turno de la tarde. —Sara la mira con asombro.
—¿Trabajar más? Es demasiado ¿no crees?
—A veces hay que hacer algunos sacrific