Esa tarde, Sara regresó temprano a su apartamento. Había quedado de no verse con Ben y lo que menos deseaba ella, era verlo. Se sentía indignada, engañada. ¿Por qué él no le había dicho que iría con su mujer? Tal vez por eso no la llevó a la reunión.
El sabor amargo de la mentira, comenzaba a agriarle el corazón a la pelicastaña.
En tanto, Ben había bebido más de la cuenta, estaba lleno de celos, de ira de frustración. Sara le había mentido, quizás como él mismo lo dijo, aquel café era la e