Durante toda la guardia nocturna y esa mañana del lunes para Amanda fue imposible descansar, no sólo no pudo pegar un ojo; sino que no paraba de pensar en lo ocurrido con Sara, mucho menos ahora que su pasado aparecía para atormentarla de nuevo.
Bajó del taxi y se aproximó a la entrada de la mansión, justo cuando se dispuso a tocar el timbre la puerta se abrió y frente a ella estaba Erika.
—Llega un poco tarde, ¿no le parece? —le dijo en tono áspero a la enfermera.
—Sí, sólo unos minutos, h