Marcus era capaz de apagar y encender todas sus ansias, y a veces quería escapar por temor, temer volver a ser engañada era su nuevo miedo oculto.
Cuando él por fin detuvo el beso, pudo reflejarse en sus ojos.
Él sonrió, no de una forma alegre, si no como él solía sonreír, un tanto frío.
—Volvamos a casa, no queremos armar espectáculo.
Ella asintió.
En la mansión Ford.
Era más tarde, cuando Marcus y Evana llegaron a la mansión, entraron por la puerta principal, vieron a la familia reunida