—¿Está bien, señor Ford? —exclamó Irina al ver su gesto de sorpresa, ella sabía que debía leer ese mensaje, sabía que ahora mismo podría sufrir de celos, verlo padecer le gustaba.
Él alzó la mirada, guardó su teléfono, su rostro volvió a la normalidad.
—Sí, todo bien, ve a descansar, Irina, gracias por venir.
La mujer lo vio seguir el camino, su rostro se volvió severo, si pudiera patalear y enfurecer lo hubiese hecho
«¿Acaso tiene atole en las venas? Cualquier otro hombre se hubiese vuelto