Sabrina sintió que un nudo en la garganta apresaba su voz, hundió la mirada.
Luego dio la vuelta, caminó tan rápido sin que nadie la siguiera, no pudo ver como Jonathan detenía a esa mujer, limpiándose los labios.
—¡¿Qué haces?! ¡Mi esposa podría ver algo así, sería terrible para mí! No vuelvas a hacerlo, Margot, ¿Qué sucede contigo?
—¡Querido, seguro bebí de más! Lo siento —ella acunó su rostro—. No te he podido olvidar, aún te amo, como en el pasado.
Jonathan la detuvo.
—¿Acaso no fuiste