Marcus y Evana miraron a la mujer con estupor, Marcus tomó la mano de Evana, no quería soltarla.
—Síguenos, Frida.
La mujer obedeció. Evana sentía que era llevada por Marcus de forma automática, su corazón latía de forma bestial, no era consciente de lo que pasaba, era como si su mente estuviera en un estado de shock del que ya no se podía recuperar.
Pronto entraron a un salón, Marcus miró a la mujer y al niño de por lo menos tres años que cargaba en brazos.
—¿Qué estás diciendo, Frida? No e