—¡¿Qué dices?! ¿Me fuiste infiel, Bennett Ford? —exclamó la mujer con ojos llorosos.
—No te fui infiel.
—Es mejor que los dejemos platicar, vamos, Margaret, vamos, Marcus.
—¡No! Está mujerzuela debe salir de aquí, debe irse de nuestras vidas para siempre.
La mujer casi golpeaba a Margaret, cuando Bennett alcanzó a detener su mano.
—¡No te atrevas! Ella lleva en su vientre a mi hijo, cualquier daño contra ella, es como si se lo hicieras a mi hijo, y eso jamás te lo perdonaré.
Evana respiró