—¡Madre! ¿Cómo puedes hacerme esto? —exclamó Bennett—. ¿Acaso olvidaste que yo soy tu hijo?
Evana le mirò con ojos severos.
—¡Ya basta, Bennett! No eres más un niño, ahora ya eres un hombre.
Bennett mirò a Margaret.
—Yo no voy a huir de mi responsabilidad, pero, antes quiero saber si el hijo que esperas es mío o no.
Margaret estaba asustada, con la cabeza agachada, Pero, al escuchar sus palabras levantó la mirada, tocò su vientre por instinto.
—Sí, Bennett, este bebé que espero es tuyo.
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