Margaret llegó a su casa, hacía frío, al entrar encendió la pequeña chimenea que le servía para no padecer frío, aunque, a decir verdad, eso provocaba tal humo que le daba tos, sabía que no era algo bueno, pero el inclemente clima invernal le daba resfríos que no podía permitirse para su bebé.
Estaba yendo a consultas con un médico gratuito en su barrio, pero él solo la atendería por poco tiempo, era un hombre amable, pero se notaba que estaba más que interesado, Margaret no era culpable, ella