—Natalia… Yo… —titubeó Evana, nerviosa, juró que ese día en que la verdad los alcanzara, jamás llegaría, sin embargo, parecía que de nuevo se enfrentaba a la cruda realidad. Ahora Natalia lo sabía todo, tuvo miedo de enfrentarse a su desamor.
Evana miró a su esposo, sin saber que decir, él asintió leve.
—No importa, madre, tú eres y siempre serás la madre de mi corazón —dijo acariciando su rostro
Las lágrimas de Evana rodaban por sus ojos.
—¿Qué dices? ¿Cómo es que eres adoptada? No, es impo